
Las manecillas vuelven a dar la vuelta a la pelota de números absurdos al compás del estomago cocido en humo, el psiquiatra vouyerista regurgitando miedo. El rechinar del segundero deslizándose en el tobogan encefálico vestido de traje gris y escamas holográmicas, reflejando cien pájaros de calientes garras caminando indiferentes sobre la cuerda floja. en las neuronas esquizomaniacas espermatozoides fecundan el sistema límbico, desatando pestes virulentas de personalidades dromedarias, histericas, nihilistas, disgregando hipotenusas neuroquimicas de voces nidorosas gritando en el estercolero hipofogo, histrionismo cruel de esta corteza cerebral. El espeleólogo mira su muerte repetida en cuatrocientos treinta y seis mil millones de espejos adheridos al espacio subaracnoideo. esclavo oftalmológico de la maquinaria lóbrega.






